SANCHEZ RENDON QUINTILIANO PDF Imprimir Correo electrónico
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Biografías
Escrito por Administrador   
Sábado 22 de Enero de 2011 19:57

QUINTILIANO SANCHEZ RENDON

NACIMIENTO: 1848, Quito - Ecuador

DECESO: 1925, Quito - Ecuador

ACTIVIDAD: Poeta y escritor

TRAYECTORIA

Nació en Quito el 13 de Abril de 1848. Hijo legítimo de José Sánchez Villagómez y de Micaela Rendon Olais, quiteños de clase media.

En 1860 empezó sus estudios de Humanidades Clásicas en el colegio de San Luis, que prosiguió poco después exitosamente con los jesuitas, hasta llegar a traducir a los clásicos latinos. Entre el 65 y el 68 enseñó Literatura y lengua Latina en el San Luis. El 68 pasó a Latacunga contratado para el colegio San Vicente, reputado el mejor de la República, dictó las mismas materias y tuvo por discípulo a Juan Abel Echeverría Llona. Fruto de sus experiencias pedagógicas fue un texto de "Arte Métrica" escrito hacia 1870 y publicado ese año para uso de sus alumnos.

En 1875 apoyó la candidatura presidencial del liberal Antonio Borrero. El 76 editó un "Prontuario de Retórica y Política" en 229 páginas, "donde se descubre su generosidad en el aplauso, el anhelo de exaltar la obra de sus compatriotas, el ningún egoísmo para cubrir el elogio de las producciones de los escritores a quienes consideraba dignos de atención y encomio en el tiempo de su enseñanza" (1) y cuando el 8 de septiembre de ese año se produjo la revolución liberal en Guayaquil, que llevaría al poder al General Ignacio de Veintemilla, con Echeverría fundó en Latacunga el periódico político "El Republicano" para la defensa del sistema constitucional, fue perseguido, perdió la cátedra y tuvo que salir con su socio a Colombia, soportando en el destierro numerosas contradicciones y penurias económicas que le llevaron a componer hermosas poesías, reunidas en "Acentos de un proscrito".


En 1879 volvió a Quito después de más de dos años de ausencia para seguir dedicado a la enseñanza y al periodismo.

El 1o. de Enero de 1881 fundó "La Revista Literaria" y allí apareció su famosa "Oda al Chimborazo" dedicada a su amigo Carlos R. Tobar, un romance histórico "La Hija del Shyri" dedicado a Roberto Espinosa, así como numerosos artículos políticos y polémicos denunciando la dictadura que preparaba el Presidente de la República en favor de sí mismo y cuando ésta se produjo en Marzo de 1882, volvió al destierro en Colombia hasta fines de ese año, que regresó por la frontera como secretario de la expedición armada del General Ezequiel Landázuri Benitez y entró a la capital el 10 de Enero de 1883.

Entonces le designaron Director de la Gaceta Oficial y de allí pasó a Ministro del Tribunal de Cuentas, sin dejar por eso de seguir en el estudio de los clásicos, de hacer felices traducciones y hermosos poemas que publicó hasta los últimos años de su vida.

El mismo año 83 intervino en el Certamen Nacional de Poesía promovido por el Centenario de la muerte de Bolívar, con su "Canto a Bolívar", y compartió el segundo premio con Emilio Abad (2) De ese tiempo es su "Oda al Cotopaxi" y en los Anales de la Universidad Central apareció publicada su traducción en verso de la "Oda a Melpómene" de Horacio. Por todo ello, en 1884 fue designado profesor de lengua Latina en el Seminario Menor de Quito y sacó sus "Recuerdos de la Restauración", obra muy poco conocida.

El 87 fue elegido miembro de la Academia ecuatoriana de la Lengua. Su Discurso y la contestación del padre Manuel José Proaño, S. J. aparecieron en las Memorias de esa institución en 1889.

Entonces ocurrió el distanciamiento de los miembros conservadores de la Academia, con la Política del Presidente Antonio Flores Jijón, que fundó el partido político Progresista, dividiendo a la derecha ecuatoriana.

EI 31 de Enero de 1889, cuando Vicente Pallares Peñafiel y Trajano Mera fundaron la "Revista Ecuatoriana", empezó a dar a la luz numerosas poesías de tono menor, rehuyendo el tratamiento de los temas políticos que solo acarrean disenciones y problemas y así salieron “A mi hija Delia María", 'Treinta y uno de Diciembre", “La Niña y el Colibrí", "El río San Pedro", "Contemplación", "Rimas". Igualmente publicó romances históricos y didácticos escritos en prosa o verso como "Pedro de Candía", "Quiquiz", "Guayanay y Ciguar", "Una fiesta de Intiraimi", "La hija del traidor", "La muerte del Marqués"y "Sayri Túpac".

El 90 ingresó a la Congregación de Caballeros de la Inmaculada y por su sólida virtud llegó a Prefecto. En Agosto del 92 contestó el discurso de ingreso a la Academia de Francisco Febres-Cordero Muñoz, conocido en religión como Hermano Miguel, con una Alocución de 16 páginas que recién salió a la luz en 1942, en la imprenta de La Salle.

Por ese tiempo fue víctima de varias críticas burlescas aparecidas en el periódico "Don Venancio", donde escribían con humor cáustico varios académicos del bando conservador de la talla de Carlos R. Tobar y José Modesto Espinosa, distanciados por causas políticas del partido progresista al que se pertenecía Sánchez.

El origen de esas pullas, que mucho daño le hicieron dada su alta condición de humanista, fue la publicación de una de sus historietas; "La gallina cenizosa", en la Revista Ecuatoriana. Poco después "Don Venancio" siguió dándole duro por dos de sus poesías, ciertamente poco afortunadas, tituladas "Amor" y "Glorias Póstumas", insertas en la célebre Antología que ese año editó nada menos que la propia Academia, como ejemplos de perfección literaria, dignos de ser imitados.


“Erró Sánchez, pues fue múltiple y vastísimo”, también tentó la poesía religiosa y "no es solo la abundancia de amor lo que campea en esa clase de composiciones, sino su celo apostólico y su saber doctrinario" y como no gustaba de meterse a político, pues tenia suficiente ocupación con sus tareas de maestro retraído y pacífico, de conducta piadosa y arreglada nadie le importunó cuando advino la revolución liberal del 5 de Junio de 1895.

"En 1901 fue electo Director de la Academia en reemplazo del Dr. Carlos R. Robar y a su dedicación se debieron los numerosos ingresos que experimentó dicha institución". El 3 dio a la luz pública en el periódico "La Ley", un pequeño ensayo de 16 páginas bajo el título de "Nuestra eterna cuestión de límites con el Perú", relievando la obra evangelizadora en el oriente del padre Enrique Vacas Galindo, trabajito que sirvió "para ordenar y popularizar muchos de los fundamentos de nuestra defensa territorial, antes no sistematizada por falta de documentación".

El 5 sorprendió a la crítica nacional con una obra de controversia socio-política "Amar con desobediencia", novelando costumbres contemporáneas en 637 páginas que debe ser leída por todo estudiosa de nuestra literatura, porque allí "analizó los cambios que se iban produciendo en la sociedad ecuatoriana a causa de los gobiernos liberales. Por eso su autor advirtió en el prólogo, que el episodio a contarse se entrelazaría con el acontecimiento político y entonces la convirtió a su novela en una obra de tesis, escrita bajo el punto de vista conservador y usando una técnica anacrónica".

Los personajes reales señalados la consideraron menos que mediocre. Manuel J. Calle, mencionado bajo el remoquete de "Malvenuto Pillastrón" por su conocido pseudónimo de Benvenuto con que diariamente firmaba sus artículos de prensa, la criticó mordazmente, pero eso pareció no importarle una higa a don Quintiliano que ya estaba curado de espantos desde las pifias recibidas en Don Venancio y quizá por ello, adelantándose a los acontecimientos o lo que es lo mismo, curándose en sanidad, había escrito en la Advertencia: "Si alguien se cree retratado, con su pan se lo coma", para agregar: "Si algún mérito tuviere esta novela, ella vivirá a pesar de las censuras y dicterios que se me prodiguen" y vaya si cosechó censuras y dicterios en exceso; sin embargo "Amar con desobediencia", a pesar de haberse constituido en un sonado best seller del momento, no ha vuelto a gozar de popularidad y hoy solo es un título más de la bibliografía ecuatoriana.

En 1907 publicó su traducción en prosa del Tratado de la Vejez de Cicerón, que dedicó a su amigo el Dr. Luis Felipe Borja y salió en las Memorias de la Academia. El 10 apareció la segunda edición corregida y aumentada de su Prontuario con el título cambiado a "Compendio de Retórica y Poética" en 340 páginas, libro utilísimo para los estudiantes secundarios de la República, que lo habían venido utilizando cuarenta años y volvió a agotarse.

Ese año formó parte de la Junta Patriótica Nacional durante la movilización militar que felizmente no llegó a convertirse en conflagración con el Perú. Entonces se difundió por toda la República, un afiche hoy clásico, con los retratos de sus miembros.

Estaba viejo, aunque no anciano, pues siempre fue de buena salud. Ya había traducido algunas Églogas de Virgilio y no continuó en ese afán por considerar que no podían mejorarse las del colombiano Miguel Antonio Caro. Tenía numerosas leyendas como la del Padre Almeida, publicada parcialmente en las Memorias y que lamentablemente nunca concluyó. También gustaba hacer de gramático y en la revista de la Asociación Católica de la Juventud Ecuatoriana editó "El régimen de un verbo a otro".

Vivía viudo y modestamente en una casa propia ubicada en el barrio de la Flores entre Mejía y Olmedo al lado de San Agustín y de su matrimonio con Amalia Baquero Melo tenía numerosa descendencia, entre la cual sobresaldrían después su hijo el poeta Manuel María Sánchez, que ocupó el Ministerio de Instrucción Pública entre 1914 y el 16; Luis Pompeyo Sánchez autor de varias obras de teatro y Carlos Sánchez Médico distinguido.

Visitaba a su amiga, mi tía bisabuela Zoila Rosa Tinajero Freile, haciéndose acompañar hasta la puerta de un familiar cualquiera. Ya en la amplia sala, con muebles grandes y negros forrados de terciopelo rojo, conversaban dos o tres horas sobre temas elevados y piadosos, incluyendo otros de la más variada naturaleza y casi siempre relacionados con la ciencia y la literatura, pues ella era una señorita culta, a quien había conocido de profesora en el colegio de monjas del Buen Pastor. En muchas ocasiones la tertulia se deslizaba a la política, el costo de la vida y la simple chismosería lugareña, pero todo ello sin la menor malicia. También intercambiaban opiniones sobre la vida de las comunidades y los oficios de las congregaciones pías, el Padre tal o la Madre cual. En ocasiones les dio por aprender el francés con diccionario.

Durante sus dos últimos años sufrió mucho a consecuencia de una caída en media calle y tuvieron que entablillarle la pierna derecha, muriendo de las complicaciones provocadas por su asma bronquial que nunca le había abandonado, en Quito, el 24 de Julio de 1925, a los 77 años de edad.

Menudo y hablantín, con tendencias a explicar como si estuviera disertando en una de sus clases, al final de sus días decidió no seguir usando su plancha postiza porque le causaba molestias en las encías, que por dicha razón se le secaron, dándole una apariencia algo cómica.

El bigote poblado y cano, el pelo tirando a blanco amarillento, corto y ondulado. Grandes las orejas, lentes pequeños aunque gruesos por su miopía. Usaba levitón negro de casimir o de tafetán según la ocasión, que jamás se sacaba o abría durante las visitas. El cuello almidonado y de pajarita, el corbatín amplio y negro.

Blanco, sonrisa fácil y agradable, pues reía mucho y a veces de sus propios chistes, que casi siempre eran coreados y hasta festejados porque era un académico quien los pronunciaba. Escuchaba con atención y suma cortesía a todos, incluso a los pequeñines, para quienes tenía especiales muestras de aprecio. Sus despedidas eran ceremoniosas, protocolarias y muy largas, tanto para las entradas como para las salidas, que iniciaba con repetidas venias y zalemas. De viejecito su figura se volvió muy conocida en las calles quiteñas por su costumbre de salir todas las tardes a dar una vuelta por los barrios, a saludar amigos y conocidos a ventearse.

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(1) Dice Isaac J. Barrera que Sánchez dio una prueba de su comprensión inteligente el poner de relieve la obra poética de Abelardo Moncayo, ciudadano perseguido entonces por haber tomado parte en la tragedia del 6 de Agoto de 1875.

(2) El primer premio lo obtuvo Remigio Crespo Toral por su composición en verso blanco titulada "Los últimos pensamientos de Bolívar".

FUENTE:

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Este artículo es propiedad de Rodolfo Pérez Pimentel, sin embargo puede ser reproducido parcial o totalmente siempre y cuando la fuente esté debidamente citada.