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Presenta como un Maestro PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Bernardo Darquea   
Jueves 03 de Marzo de 2011 13:33

Presentar 

Hablar en público genera un miedo comparable al terror que uno podría sentir al ser arrojado en una jaula con un león que no ha comido en varias semanas. Pararse al frente de un auditorio lleno de gente definitivamente hace que se le seque a uno la boca. Gotas de sudor comienzan a correr por la frente y poco a poco las axilas se obscurecen de la misma humedad que recorre el cuerpo. En muchas personas, pueden ser estas mismas gotas las que generen la catástrofe emocional. Qué dirá la gente al verme sudar de esta manera? … Y qué pasaría si se me olvida lo que tengo que decir? Descalabro social! Las risas de unos y las miradas de compasión de otros se dibujan entre la audiencia. Las imágenes de otras personas que han pasado por lo mismo se presentan de inmediato. Alguien estupefacto parado en un auditorio por un tiempo que parece ser una eternidad y que refleja en su cara una lluvia de ideas que le pasan por la cabeza sin saber descifrar que decir. Finalmente no hay otra opción que simplemente acogerse a la vergüenza y correr del escenario a un lugar que provea cierta paz: el baño.

Aquí te presentamos algunas ideas a tomar en cuenta al momento de presentar que te servirán para no tener que pasar por este bochorno.

  • Prepara ayudas visuales. Las ayudas visuales no solo te sirven a ti, sino también a tu público. Empezando con que al menos la mitad del auditorio va a dejar de mirarte para prestar atención a lo que les pongas al frente.  Si tienes la opción de usar un proyector y una computadora lo mejor es crear una presentación en PowerPoint o en cualquier otro programa de presentaciones. También podrías usar un retro-proyector o por lo menos puedes crear unas cartulinas para colgar. Estas ayudas visuales sirven para que tú recuerdes lo que tienes que decir y también sirven para que tu público se acuerde de lo que dijiste. Trata de usar la menor cantidad de texto. Lo mejor es usar gráficos, fotos, tablas o cualquier otra imagen que te sirva para relacionar y acordarte lo que tienes que decir.
  • Trata de no mirar a la gente a los ojos. Es importante que mires al frente, pero en lugar de encontrarte con la mirada directa de alguien que te pueda desconcentrar, es preferible que mires a las esquinas, a las sillas, o que mires en blanco. Nadie se va a dar cuenta que no estás estableciendo contacto directo con la audiencia. Ellos simplemente pensarán que estas mirando a otra persona.
  • No trates de memorizar tu discurso. Si lo memorizas tienes mucha más probabilidad de que te olvides lo que vas a decir. Tampoco leas tu presentación. Camina de un lugar a otro, mueve las manos, cuenta chistes, usa distintos tonos de voz. En otras palabras, tu presentación tiene que captar la atención del público y si lo único que haces ahí es agachar la cabeza y leer todo lo que tienes que decir, tu audiencia muy probablemente se quede dormida. Lo ideal es entender y saber lo que estás diciendo y apoyarte en las ayudas visuales para progresar durante tu presentación.
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Deja las excusas! “No dejes para mañana…” PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Bernardo Darquea   
Viernes 04 de Febrero de 2011 11:03
No excusas 
Desde que tomé conciencia de que estudiar era una responsabilidad mía y no una simple obligación a la que mis padres me sometían, recuerdo los domingos en la tarde como una de las situaciones que más estrés me han causado en la vida.  Esa sensación en el estómago a manera de maripositas y esa especie de tembladera en las manos, hasta ahora le asocio con mis tareas del colegio sin haber sido topadas durante toda la tarde del viernes, todo el sábado y casi finiquitado el domingo. Ahí es cuando sentía que el tiempo para cumplir con esos deberes se acortaba y que yo todavía estaba sentado en frente de los juegos de video o de la tele “que no me dejaban levantarme”. Ahora entiendo que la tembladera en las manos capaz también se debía en buena parte a la aplastadera del control remoto de la tele o de tanto manipular el control de mi Playstation. Ese era el punto en el que se barajaban las opciones: levantarme a hacer los deberes sabiendo que probablemente me iba a quedar hasta altas horas de la madrugada, o no hacer el deber ese día, pero planificar una excusa lo suficientemente buena para someter esos deberes posteriormente sin ninguna penalidad en la nota. Nótese que la opción de no cumplir con esos deberes ni siquiera estaba en el cuadro de decisiones. Probablemente por eso generaba tanto estrés; sabía que era algo que tenía que hacer y me auto-castigaba por no haber cumplido con esta labor el mismo viernes, después de llegar del colegio.

Aquí algunas de las excusas que se me pasaban por la mente en esos momentos de desesperación:
  • “Mi perro se comió mi deber”. Excusa más usada en la historia de la humanidad. (Sabía que tenía que encontrar algo con más credibilidad).
  • “Me dio la churreta (flojera del estómago)!”. Era mi preferida. Se podía usar con facilidad porque no tenía que demostrar mi dolencia y por ultimo si me condenaba a mi mismo a sufrir sus consecuencias por traer esos malos pensamientos sobre mí, era algo soportable. (La había usado demasiado y podía causar sospechas). 
  • “Mi compañero de grupo nunca me contactó para hacer el deber”. Se podía usar cuando los términos de la tarea no estaban bien establecidos, de manera que aún cuando el deber era individual se podía cargar la culpa en el profe, por no haber explicado bien. (No podía usarla porque este profesor tenía todo por escrito).
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