Historia de la fundación española de Quito

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República del Ecuador
Provincia de Pichincha
Cantón Quito
Distrito Metropolitano
Ciudad de Quito
Mapa de Quito
Bandera de Quito
Escudo de Quito

[editar] LA FUNDACION ESPAÑOLA Y EL NUEVO ORDEN

Con la llegada de Colón a América en 1492 comenzó una nueva época para el continente, dando inicio a una extensa época colonial por tres siglos, tiempo en el cual se dieron grandes transformaciones en todos los órdenes. Para Ayala Lazo, “La formación económico-social de lo que luego llegó a ser Ecuador está llena de complejidades. En medio de permanentes cambios, se dio un conjunto orgánico y articulado de relaciones sociales de distinto carácter y origen histórico diverso, cuya integración escapa de las caracterizaciones simplistas”.

En este largo período colonial se puede identificar tres momentos históricos, el primero que va desde el fin de la conquista hasta fines del siglo XVI tiempo en el que se establece la nueva sociedad hispánica y se consolida el régimen español. El siguiente se da a lo largo del siglo XVII donde se desarrolla un período de actividad económica sustentada en la producción textil. Y, el último, que cubre el siglo XVIII y tres décadas del XIX, período en el que se caracterizó por una crisis económica, el establecimiento de la clase criolla y un agotamiento del régimen colonial.

La conquista de Quito.

En su proceso de conquista, los colonizadores que habían sometido al istmo de Panamá, comenzaron su marcha hacia el sur del continente encabezada por Francisco Pizarro y Diego de Almagro llegando a Túmbes para 1531. Su avanzada hacia el interior del continente fue factible debido a que en esos momentos los incas Huáscar y Atahualpa enfrentaban guerras de poder, debilitando la unidad del imperio. Aprovechándose de la frágil situación, en Cajamarca, los conquistadores tomaron preso al inca quiteño Atahualpa y a cambio de su libertad solicitaron un cuantioso rescate, que de nada sirvió porque luego de juicio fue ejecutado.

Frente a la invasión española, los generales aliados a Atahualpa prestaron resistencia a diferencia de varios pueblos sureños que se aliaron con los peninsulares facilitándoles ayuda para lograr su objetivo de conquista.

Rumiñahui, luego de ser derrotado en su defensa a Quito, fue ejecutado.

Sebastián de Benalcázar encomendado de Franicsco Pizarro para conquistar las tierras del norte avanzó con dirección a Quito. Pero frente a la aproximación de otro grupo de conquistadores encabezados por Pedro de Alvarado, Diego de Almagro se apresuró a fundar la Santiago de Quito, cerca de la actual Riobamba, en agosto de 1534 reforzando, de esta manera, sus derechos de conquista. Sin embargo, en el acta de fundación consta la autorización para trasladar la dicha fundación “al sitio o asiento donde está el pueblo que en lengua de indios ahora se llama Quito”. Tres meses más tarde, Benalcázar llegó a su destino y el 5 de diciembre se asentó en Turubamba, pasando la noche probablemente en el tambo–pucará de San Bartolo. Al día siguiente entró a Quito iniciando la ceremonia de fundación efectiva de la ciudad, con el nombre de San Francisco de Quito, cumpliendo de este modo lo dispuesto por Almagro en el acta del 28 de agosto suscrita en Riobamba. Quito había sido arrasada e incendiada antes de su llegada.

El Nuevo Orden colonial

Inmediatamente después de la fundación de la ciudad, se notificó a los alcaldes y regidores designados en Riobamba, que tomasen posesión de sus cargos, y por pregón se pidió a todos los españoles que quisiesen residir en San Francisco de Quito asentasen sus nombres como vecinos en el Acta que se suscribió, –dichos nombres constan grabados en los muros norte de la Catedral.

Acto seguido se ejecutaron varias acciones que llevaron a la consolidación de la nueva ciudad española.

  • a. Establecimiento de la traza de la ciudad o villa
  • b. Asentamiento definitivo de sus vecinos, y
  • c. Organización completa del Cabildo o Municipio

La villa de Quito se asentó en la misma urbe aborigen, ajustándose a lo establecido en la nueva legislación española de Indias. Pese a que su topografía presentaba muchas dificultades éstas fueron bien aprovechadas como defensa natural tal como lo hicieron los pueblos originarios ante la llegada de los incas y ahora usadas por los españoles ante los aislados ataques indígenas.

Varios historiadores coinciden en que Benalcázar aprovechó las construcciones ya existentes de la ciudad inca para construir la española, pese a que se hallaba destruida por el incendio provocado por Rumiñahui y por la devastación que provocó Ampudia en busca de tesoros. Sin embargo recientes investigaciones arqueológicas, no reflejan la existencia de una ciudad inca por lo que se supone, que la urbe inca no era sino una ciudad en incipiente formación conformada más por chaquiñanes que por calles, ajustándose a la tortuosa topografía recortada por tres grandes quebradas y sus ramales –ahora desaparecidas bajo el suelo– que recogían las lluvias que caían sobre el Pichincha. La de Ullaguanga Huayco o quebrada de los Gallinazos y conocida más tarde como la Jerusalén que corre al pie de El Panecillo. La quebrada central y la más profunda denominada la Quinguhuayco o de Sanguña o del Tejar que separaba a la ciudad española de la indígena. Y la tercera que corría desde el pie de la loma de San Juan hacia el Sur, cruzando por la actual plaza del Teatro, denominándose en ese trecho de las Tenerías. Las tres quebradas desaguan en el Machángara que nace en las faldas del Atacazo cruzando por las llanuras de Chillogallo y la Magdalena. Las fuertes pendientes obligaron a la construir desbanques, muros de contención y rellenos, tratando se sacar mayor partido al terreno.

Para la ordenación de la ciudad colonial se aplicó la traza a cordel que definió la estructura del damero, una característica propia del urbanismo hispánico empleado en las ciudades de Santo Domingo, México y Panamá.

La cuadrícula tuvo que adaptarse a las condicionantes del terreno. La traza contemplaba manzanas, calles y plazas. Las manzanas o cuadras se dividían en solares que fueron entregados a los nuevos vecinos.

Se fijaron también dos ejidos destinados a tierras comunales, al norte en la llanura de Iñaquito y otro al sur en Turubamba. En el valle de Pomasqui en cambio se distribuyeron las primeras estancias de pan de sembrar, es decir campos para sembrar cereales y otros productos.

A más de los solares entregados a los primeros vecinos empadronados se procedió a la adjudicación de otros a las órdenes religiosas. Así, un mes más tarde de la fundación de la ciudad, Fray Jodoco Ricke solicita tierras para los franciscanos. El Cabildo les asigna las partes bajas de los antiguos aposentos del inca Huayna Capac. Son también beneficiados con la entrega de tierras los religiosos mercedarios. A ellos se les concede los espacios destinados a las casas del Placer, que no era sino una estancia de descanso para el inca. Y para el poder eclesiástico se le entregó solares junto a la Plaza Mayor.

El establecimiento del cabildo o municipio fue la base para la organización administrativa de la ciudad y de todos sus habitantes. Éste representaba el poder jurídico y político. En la conformación del primer cabildo se contó con los dos alcaldes y ocho regidores que fueron asignados en Riobamba por Almagro. Dichas asignaciones se hacían a nombre del rey.

Paulatinamente se fueron haciendo los otros nombramientos de otras autoridades tales como:

  • Alguaciles mayores y menores: para el cobro de impuestos, embargos y prisiones.
  • Fiel ejecutor: cuidaba de la exactitud de todas las medidas, en particular del pan, vino y aceite, ordenar la medición de tierras y su amojonamiento (límites).
  • Alarife: para policía urbana, higiene pública y medición de solares y tierras.
  • Procurador: para llevar la palabra de los vecinos a las autoridades superiores, inclusive a España si a ello hubiere lugar.
  • Escribano: para dar fe de todos los documentos y transacciones.
  • Tenedor de bienes de difuntos: encargado de custodiar los bienes de los conquistadores que fallecieren inesperadamente.
  • Mayordomo: para administrar los ingresos fiscales.

Debido al pronto crecimiento de sus moradores, las autoridades de la villa de Quito solicitaron al Rey Carlos V le concediera el título de ciudad, un pedido que se vio efectivizado el 14 de marzo de 1541 fecha en la que también se le otorga el escudo de armas. Quince años más tarde, se le confiere a la ciudad el Estandarte Real, emblema que se usa hasta la actualidad. El reconocimiento a la ciudad por parte de la corona fue permanente, razón por la cual el mismo rey concedió un nuevo título a Quito que versa de la siguiente manera: “…porque bien sabíamos que nos eran conocidos y notorios los muchos y grandes y leales servicios que dicha Ciudad nos había siempre hecho…por ende, por la presente en nuestra merced y voluntad que perpetuamente la dicha ciudad se pueda llamar e intitular la Muy Noble y Muy Leal Ciudad de San Francisco de Quito,…Nos por esta nuestra Carta le damos título y renombre de ello…”.

La creación de la Real Audiencia y Presidencia de Quito tuvo lugar, veintinueve años más tarde de su fundación, el 29 de agosto de 1563 mediante Cédula Real y subordinada al Virreinato del Perú. La presidencia no solo cumplió funciones como tribunal de justicia sino también amplias tareas gubernativas. Los funcionarios se conformaban por: tres o cinco oidores, un fiscal, un alguacil mayor, un teniente de gran canciller y varios funcionarios más.

El primer presidente de la Real Audiencia de Quito fue el sevillano Hernando de Santillán, quien fundó en 1564 el Hospital de la Misericordia de Nuestro Señor Jesucristo, más tarde conocido como Hospital San Juan de Dios, una institución de salud que brindó su servicio por el lapso de 400 años de manera ininterrumpida bajo el concepto de caridad durante el período colonial y de beneficencia a partir de 1830.

A lo largo de los siglos XVII y XVIII varios fueron los presidentes de la Audiencia, correspondiéndole al ilustre Barón de Carondelet ser el último.

A más de las autoridades civiles antes mencionadas la ciudad contó con las de carácter eclesiástico, así la diócesis de Quito se creóen 1545, dependiente del Arzobispado de Lima. Dicha creación se debió al insistente pedido del propio rey Carlos V ante el Papa Paulo III, quien dictó la correspondiente bula de erección. Su primer obispo fue Garci Días Arias quien tomó posesión cinco años más tarde. A él le correspondió iniciar la organización eclesiástica y la construcción de la primera Catedral. La administración legal y política recién tuvo efecto en 1563 a raíz de la creación de la Real Audiencia de Quito.

El orden religioso contaba con tres tribunales:

  • El Cabildo Eclesiástico con obispo, deán, arcediano, chantre, maestre escuela y tesorero, tres canónigos de oposición (doctoral, penitenciario y magistral), tres de presentación, cuatro racioneros y dos medio racioneros.
  • El de la Cruzada, con comisario, tesorero y contador.
  • El de la Inquisición, con comisario, alguacil y familiares nombrados en Lima.

Sistemas de control

La nueva sociedad peninsular estableció mecanismos de control a los indígenas especialmente en el campo ideológico.

Uno de ellos fue la institución de la “encomienda”, un sistema mediante el cual se encargaba o encomendaba a un colono español para catequizar a los indígenas. En cumplimiento de esta labor, el “encomendero” pagaba a un eclesiástico o “doctrinero” para que realizara las labores de evangelización. A cambio del beneficio de la cristianización, los indígenas debían pagar un tributo a la Corona prestando servicios o en especies o dinero.

La encomienda al perder importancia fue suprimida, dando paso a la instauración de la “mita” una institución de origen incaico pero replanteada por los colonizadores. Quienes ejercían esta función eran llamados mitayos, ocupados especialmente como mano de obra en los “obrajes” y “ batanes” especializados en la elaboración de paños.

Es así como Quito, para finales del siglo XVI y XVII, se convierte en el centro de producción textil más importante de la región abasteciendo de su mercancía a los centros mineros del sur especialmente a Potosí lo que conllevó a un crecimiento económico y una riqueza que se concentró en manos de los grandes productores y comerciantes.

La sociedad colonial

La colonización hispánica trajo como consecuencia, la creación de una estructura social fuertemente diferenciada y asentada sobre la desigualdad. La cima de la pirámide la conformaban los españoles de origen peninsular quienes mantenían el poder político en nombre de la Corona. A esta clase pertenecía la burocracia civil y eclesiástica, encomenderos, obrajeros y comerciantes. Ellos controlaban los principales centros de producción económica, la circulación de los bienes y el poder político.

En la base de la pirámide se hallaba la gran masa subyugada de indígenas, producto de la conquista. Su labor estaba exclusivamente destinada a la mano de obra y trabajos duros. Entre estos dos extremos poblacionales se había formado una amplia gama de escalones, que iba ascendiendo en categoría social conforme tenía acceso a los bienes de producción, en unos casos, o haciendo valer sus derechos, en otros, lo que les permitió alcanzar ciertos privilegios tal es el caso de los mestizos.

Como se puede colegir, la vida colonial trajo como consecuencia el mestizaje originado entre las uniones de conquistadores y mujeres indígenas. Este grupo intermedio entre blancos e indios estuvo dedicado a labores agrícolas, el mediano comercio y la artesanía. La clase mestiza luchó por largo tiempo por abrirse campo entre sus dos polos de origen social y étnico y lograr su reconocimiento.

Diferencias como las señaladas dieron origen a la aplicación de la “Legislación de Indias” por medio de la cual se mantuvo la división entre la República de blancos que agrupaba a los colonos y la República de indios que conservaron su propia organización y como tal sus autoridades, los caciques. Estos caciques fueron asimilados al aparato administrativo del gobierno, una jugada que sirvió para a través de ellos recaudar los impuestos. Reformas administrativas y fiscales como las señaladas fueron frecuentes durante la administración del virrey Francisco Toledo en el Perú que fortalecieron al poder colonial.

El grupo negro, fue una clase minoritaria que si bien hace presencia en los territorios de la Audiencia de Quito desde los inicios de la colonización su número crece para el siglo XVII. Eran colectividades de esclavos importados a la Audiencia para realizar trabajos en la Costa y en ciertos valles cálidos de la Sierra.

Su condición de esclavos los colocó en el último lugar de la vida colonial. Sin embargo, en Esmeraldas, se mantuvo una sociedad de negros libres y mulatos o Zambos que ejercieron una cierta autonomía frente a las autoridades coloniales. En esta sociedad se consagró una realidad de discriminación a la mujer en todos los niveles y estamentos.


[editar] ACTA DE LA INDEPENDENCIA DE QUITO

FUENTE: Texto: GUIÓN UNIFICADO QUITO ESPAÑOL - TEXTO GUÍA PARA ACTUALIZACION A MIEMBROS DE LA RED METROPOLITANA DE MUSEOS DE QUITO: ARTE Y CULTURA - Nancy Morán Proaño

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